8 de febrero de 2014

EL ELEFANTE ENCADENADO

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.


Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
“El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.”
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...


(Jorge Bucay)


7 de febrero de 2014

Ayuda a los demás, y te estarás ayudando a ti mismo

¿Alguna vez te has parado a pensar por qué hay personas amables? O ¿qué beneficios obtenemos al ser generosos?
Sabemos que la generosidad no es sólo buena para el que la recibe sino también para el que la da. Sin duda alguna, uno de los caminos que lleva a la felicidad es la amabilidad y generosidad.
Este tipo de conductas se han estudiado en muchas ocasiones y se ha observado que las personas más felices son más altruistas y pasan más tiempo ayudando a los demás. También se concluye que hacerlo de forma habitual y variando los actos amables, es la clave para la consecución del bienestar y la felicidad.  


¿Por qué somos felices cuando somos generosos?:
-  Nos ayuda a ver a los demás de forma más positiva y fomenta una mayor sensación de interdependencia y colaboración. Ayudar a los demás hace que nos sintamos privilegiados.
-       Nos distrae de nuestros propios problemas.
-   Mejora nuestra autoestima. Sentirnos útiles favorece que tengamos mejor concepto de nosotros mismos, nos ayuda a ver nuestras cualidades e incluso nos impulsa a aspirar cada vez a más.
-     Caemos mejor a los demás, mejorando nuestras relaciones sociales y nuestro estado de ánimo.

Pero, ¿cómo podemos ser más generosos?:
-       Elige lo que quieres hacer y con qué frecuencia.
-       No caigas en la rutina, ¡varía tus actos de generosidad!
-    Recuerda que lo que tú haces influye en el otro, y al mismo tiempo lo que hace el otro en ti. Es probable que seas cada vez más generoso casi sin darte cuenta.
-      Si no se te ocurre qué hacer, investiga e imita a personas que sean generosas, eso hará que tengas más ganas de hacer cosas buenas.

Pero a pesar de todo lo anterior, hay situaciones en las que ayudar no nos reconforta tanto como sería de esperar. Según los estudios algunas de estas situaciones son: cuidar familiares con graves enfermedades, cualquier ayuda que te genere malestar, ansiedad, vaya en contra de tus principios o te venga impuesto desde fuera.
Desde el equipo Feeling te animamos a que te comprometas con una causa y que te esfuerces por conseguirla. Recuerda que: “Ayudando a los demás, te ayudas a ti mismo”

Paula Gordillo

5 de febrero de 2014

No nos entendemos...

Quizá alguna vez hayas sentido que tu pareja no te escucha, o que no te entiende. Este es un problema muy común entre las parejas en las que la comunicación no es adecuada o la forma de hacerlo no es la más correcta.

Puede que lo que realmente esté pasando es una mala interpretación, tanto de lo que decimos como de lo que hacemos, o que no hemos expresado lo que realmente queríamos comunicar, o damos por hecho lo que va a decir. A lo mejor nos estamos empeñando en cambiar a una persona, o estamos manipulando para conseguir lo que queremos. Una buena comunicación es importante para que la otra persona sepa lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos molesta que haga…

Para que no haya confusiones y mejorar la comunicación, deberíamos tener en cuenta algunos aspectos:
  • Elige el momento adecuado en el que quieres decirle algo a tu pareja. Un momento en el que te encuentres tranquilo, no haya personas ajenas u otro tipo de distractores.
  • Escucha de forma activa. A todos nos gusta sentirnos escuchados. Evita hacer juicios o críticas cuando tu pareja te esté comentando algo importante, para él lo es y debemos respetar a los demás. Es importante el lenguaje no verbal (gestos, asentimientos con la cabeza, movimientos corporales…) que utilizamos cuando estamos escuchando a otras personas.
  • Expresa tus sentimientos negativos. No es fácil expresar nuestros sentimientos a otras personas, y en más en concreto los negativos, sin embargo es importante para que entienda cómo nos sentimos en cada momento y no dar lugar a malas interpretaciones. Para ello, la forma en la que hablaremos será desde el YO, así el énfasis lo ponemos en mis propios sentimientos.
  • Expresa tus sentimientos positivos, éstos también son importantes. Con el paso del tiempo va disminuyendo y olvidamos decirle a nuestra pareja cuánto la queremos o por qué cada día nos hace feliz. De esta forma la relación de pareja se afianzará y la confianza aumentará.
  • Proponed ambos soluciones al problema que se ha presentado, llegad a un acuerdo y ponedlo en práctica.
Informa todas las cosas que te agradan o son positivas a tu pareja (deseos, preferencias, gustos…), de esta forma se aumentará la comunicación eficaz y se reducirán las discusiones o desacuerdos… Una buena comunicación de pareja permitirá solucionar problemas de forma más satisfactoria, facilita la comprensión entre ambos y el respeto mutuo. 


Silvia Abbad-J.A.


30 de enero de 2014

Resiliencia: La capacidad para afrontar adversidades

Día a día somos testigos de situaciones catastróficas naturales (terremotos, tifones, huracanes, incendios…) accidentes, robos, ataques terroristas, homicidios…
No solamente hay que estar conectado a los medios de comunicación para enterarnos de sucesos así, estamos rodeados de adversidades, posiblemente en nuestra familia o grupos sociales. En la actualidad estamos viviendo situaciones de desempleo, rupturas, pérdidas, dificultades económicas, cargas familiares, enfermedades… 

Todas ellas son retos que acontecen en nuestra vida, afectándonos de formas tan diversas como personas hay sobre la tierra. No podemos evitar que sucedan, pero si podemos escoger el modo de sobreponernos ante ellos. Podemos ver un reto como algo que nos supera, como algo acontecido que no queremos recordar o como un objetivo a superar del que saldremos fortalecidos.

Se define la resiliencia como la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de la adversidad.

Esta capacidad no la presentan todos los seres humanos, la vamos desarrollando como un proceso a lo largo de nuestra vida. Puede ser facilitada gracias al desarrollo de la propia confianza, la posibilidad de detectar quién soy yo, cuales son mis recursos, mis apoyos y conocer qué puedo hacer.

Cada situación y adversidad requiere una capacidad y una acción resiliente distinta y variable.

Como señalan expertos del mundo de las emociones, en contra de lo que la gente cree, el hecho de sufrir más desgracias de las necesarias, no implica que uno no pueda vivir también muchas alegrías. Las emociones positivas y negativas no son incompatibles. Este factor influiría en la capacidad de visualizar cosas positivas que nos ayuden a resurgir ante dichas dificultades fomentando así una mayor calidad de vida.

La clave no está simplemente rebotar en la dificultad para salir de ella, sino empaparnos de experiencia para salir fortalecidos y recoger herramientas que nos ayudarán a lo largo de nuestra vida.      


Lucía Alonso Pérez

29 de enero de 2014

El apego

¿Quién no siente cariño hacia alguien? Cuando somos pequeños sentimos cariño hacia nuestros cuidadores, especialmente hacia las madres, ¿a que se debe? Esto se explica por la teoría del apego.  


Bowlby desarrolla esta teoría tras una investigación con niños y su figura materna. El apego lo define como un vínculo que se desarrolla el niño con los padres o cuidadores. Esta unión proporciona seguridad emocional, indispensable para el desarrollo de la personalidad, por eso es importante que se establezca un vínculo en las primeras etapas del desarrollo.  

Pero esta característica no es exclusiva de la especie humana, sino que también está presente en otras especies y tiene la misma finalidad, la protección y perpetuación de la  especie.

El vínculo entre el bebé y sus padres viene dado en parte por las conductas innatas de éste: la succión, prensión, llanto, sonrisa; y por las respuestas de los padres a sus necesidades básicas, el contacto corporal que le proporcionan y el lenguaje.

En función de la conducta de los padres hacia su hijo el tipo de apego puede variar y por tanto la respuesta de los bebés hacia ellos y su desarrollo personal será diferente. Ainsworth, tras sus estudios con bebés y la separación de la madre, dedujo que existen 3 patrones de apego: 
  • Apego seguro: Los cuidadores se muestran cercanos, atienden a las necesidades del niño y le dan cariño. Así la persona tenderá a ser más positiva, segura de sí misma y se mostrará amable con otras personas. 
  • Apego inseguro-evitativo: En este caso, el cuidador deja de atender, o lo hace tarde, las necesidades del niño y las conductas de protección, por lo que le impide que desarrolle sentimientos de confianza. Estos se muestran inseguros de sí mismos y con los demás. 
  • Apego inseguro-ambivalente: Los cuidadores atienden a los niños de manera inconsistente, atendiendo a sus necesidades en unas ocasiones, mostrándose sensibles y cálidas, y en otras no, siendo distantes con ellos. El comportamiento del niño será de inseguridad hacia los demás.

La figura de apego se muestra como una figura de protección y seguridad ante lo desconocido, por lo que cuando esta falta, pueden aparecer síntomas ansiosos y en función de determinadas variables desarrollar problemas psicológicos. 


     Silvia Abbad-J.A.

27 de enero de 2014

Feel the food: Haz 5 comidas al día

Estarás de acuerdo con nosotros en que resulta positiva la preocupación actual por comer bien, por no querer ganar peso o por tener una buena imagen. Sin embargo, parece que alimentarse se haya convertido en un mal necesario, de modo que tenemos que comer lo menos posible, de los alimentos que lleven menos calorías, y que luego tenemos que hacer lo que sea necesario para consumir esas calorías que hemos ingerido. Esta tendencia que convierte comer en peligroso no parece tan positiva.

Me gustaría darte una noticia: comer es necesario. De aquello que comemos, nuestro organismo obtiene la materia prima para construirse y la energía para funcionar. Si alimentarse es algo necesario e importante, considerar que comer es peligroso sería lo verdaderamente peligroso. También has de ser consciente de que no puedes hacer lo que quieras con la comida: comer muy poco, o muchísimo, o de forma desordenada, etc. son formas de jugar con la alimentación que, más fácilmente de lo que pensamos, pueden descontrolarse y convertirse en un problema.

Aquí y en sucesivos post nos gustaría presentarte algunas claves para que tengas feeling con la comida.
La primera: HAZ 5 COMIDAS AL DÍA.

• Planifica 3 comidas principales (desayuno, comida y cena) y 2 comidas intermedias para los breaks de media mañana y media tarde (almuerzo y merienda).

• En las comidas principales tienes que comer mayor cantidad que en las intermedias, sin embargo la cantidad exacta y los tipos de alimentos que vas a comer dependen de tus características personales: edad, sexo, etc. Si no tienes muy claro qué comer y cuánto, te sugiero que acudas a un especialista.

• Parece razonable que le dediques el tiempo necesario a comer: alrededor de una hora a las comidas principales y al menos media a las intermedias; comer es una de las cosas más importantes que vas a hacer a lo largo de tu día.

• Haz una planificación realista:
         • Quizá tengas una vida bastante ocupada, por eso conviene que pienses previamente cuándo vas a poder hacer tus 5 comidas. Y sé original y creativo, no tener tiempo es una excusa.
           • Intenta que entre comidas no pasen más de 3 o 4 horas. Así evitarás ir a la siguiente comida con mucho hambre y controlarás más lo que comes.
        • Sé flexible: Muchas de las situaciones de nuestra vida diaria no nos permiten comer cuándo y cómo tenemos planificado: comer fuera, una celebración, etc. Gestiona esto sin obsesionarte. Dentro de la regularidad pueden caber irregularidades, sin que se conviertan en la tónica general.

• Si crees que has comido demasiado, no te saltes la siguiente comida. Mejor reduce la cantidad de comida en la siguiente o el tipo alimento comerás.

• Quizá pienses que si comes 5 veces al día subirás de peso, pero esto no tiene por qué ser así. Quizá habría que ajustar las cantidades de comida o los tipos de alimentos, o pueda deberse al propio proceso de regularización de la alimentación.  

A no ser que un especialista te indique lo contrario por algún motivo o con algún fin, parece razonable hacer 5 comidas al día según estas pautas. Aún así, si consideras que tu alimentación en un problema para ti, que te obsesiona o has perdido el control sobre ella, te aconsejo que acudas a un psicólogo para te ayude con esto.

Nos falta una última pista: Disfruta comiendo. Si vas a tener que hacerlo 5 veces al día, mejor que disfrutes con ello. Prueba nuevos sabores, experimenta cocinando si lo haces, estimula tu sentido del gusto, etc. Recuerda que comer, además de una importante necesidad, puede ser un placer. Y puede ser un placer compatible con comer bien, con no ganar peso o tener una buena imagen.

Feel the food. Disfruta comiendo 5 veces al día.


Roberto Baztarrica

25 de enero de 2014

Premios o castigos, ¿Cuál es la mejor forma de educar a mi hijo?

A la hora de educar a nuestros hijos o de tratar de inculcar un comportamiento adecuado a un niño, nos surgen grandes dificultades y limitaciones. ¿Cuál es la mejor forma? ¿Cómo lograr que me haga caso? ¿Qué hacer para que lleve a cabo las conductas que le pido? ¿Hay alguna forma de que deje de hacer las cosas mal?

Las leyes del aprendizaje: “refuerzo y castigo” nos dan respuesta a estas dudas. Debemos saber que un correcto establecimiento de límites ayudará a nuestro hijo a saber comportarse de una forma adecuada en cada una de las situaciones a lo largo de su vida; por tanto debemos enseñarle a que los logros llegan tras el esfuerzo y que una actitud inadecuada tendrá una consecuencia negativa.

La mejor estrategia para lograr esto es reforzar todas las conductas del niño que sean adecuadas, adaptativas y positivas; de modo que las repetirá en sucesivas ocasiones buscando el reconocimiento. Dicho refuerzo debe ser siempre verbal (un mensaje positivo), acompañando de algo físico si fuera posible de forma aleatoria (un abrazo, una galleta, más tiempo para jugar…).
Es fundamental que los refuerzos sean siempre proporcionales al acto realizado, y aconsejablemente lo más próximo a la conducta que queremos que el niño continúe haciendo. El refuerzo es la mejor estrategia ya que siempre dota al niño de conocimientos y pautas de acción que se mantendrán a largo plazo.

¿Pero qué hacemos cuando el niño se porta mal?

En este caso es el castigo la alternativa adecuada, pero debemos saber que existen dos modos de aplicar el castigo:
-Castigo positivo: Consiste en presentar un estímulo negativo para el niño (un grito, un golpe…)
-Castigo negativo: Consiste en quitar al niño algo que le es agradable (quedarse sin realizar una actividad, tener que pagar una “multa”…) este tipo de castigo es el recomendable, debido a que su eficacia es superior al castigo positivo.

El castigo nunca debe ir solo, sino acompañado de una aclaración precisa de qué es lo que se ha hecho mal (de modo que el niño asociará dicho acto con algo negativo) y con una muestra de la alternativa correcta que estamos buscando. Además debemos reforzar al menor cuando sea capaz de realizar la alternativa deseada.
Otra estrategia adecuada es la extinción de la conducta, es muy recomendable cuando el niño realiza conductas para atraer nuestra atención (ya que ésta es un refuerzo para él). En este caso, trataremos de evitar atender las conductas inadecuadas (lloros, gritos, rabietas) y reforzaremos al niño cuando haya logrado calmarse.

Por tanto, para un adecuado funcionamiento del niño debemos inculcar buenos hábitos desde que son pequeños, siendo la clave: Reforzar y valorar todas las cosas que haga bien y vayan aproximándose a la conducta final que deseamos de él.

Lucía Alonso Pérez