2 de marzo de 2014

Prevenir la obesidad infantil

Cifras de los últimos años indican que casi un 20% de los niños españoles son obesos. Si tienes un hijo, seguramente te hayas preguntado en alguna ocasión cómo hacer para alimentarle bien. Nos gustaría decirte que la justa preocupación por cómo dar de comer a un niño es legítima, al igual que lo es decidir qué colegio te parece el adecuado para escolarizarlo, o controlar lo que lee o ve en la televisión.
 
Que un niño padezca obesidad afectará a su desarrollo y su vida diaria. Ya en la infancia el exceso de peso produce enfermedades físicas y cambios anatómicos en el cuerpo del niño. Además de esto tu hijo podría sufrir problemas psicológicos como baja autoestima o problemas para relacionarse con otros niños. Ser obeso en la infancia es un riesgo para mantener esa obesidad a lo largo de la vida adulta. 

Por ello, sin obsesionarte, has de poner atención en qué come tu hijo. Nuestra recomendación es que el criterio para decidir su alimentación sea la salud, es decir, que el niño coma aquello que le permita estar saludable. No es adecuado trasmitir a tu hijo preocupaciones estéticas (asimilar el sobrepeso con la fealdad), que son propias de la edad adulta, y que podrían generar malestar y problemas psicológicos futuros en el niño.

Para tener éxito en la regulación de la alimentación, te recomendamos que los cambios que introduzcas se puedan mantener a lo largo de la vida, ya que de nada sirve llevar a cabo cambios extremos que no se podrán mantener siempre y generarán seguramente desórdenes en la alimentación y el frecuente efecto rebote (ganar incluso más peso del que se había conseguido bajar).

Por ello, te proponemos una serie de cambios que podrías introducir en la alimentación de tu hijo para que sea más saludable:

• Su menú debe ser variado y sin reducciones calóricas drásticas. Dicho esto, se recomienda: usar cereales integrales y lácteos desnatados, no abusar de la carne roja o sus derivados y promover el consumo de legumbres y frutos secos.
• Las raciones que le sirvas han de ser adecuadas a su edad, no sólo es importante la calidad sino también la cantidad.
• Los alimentos poco saludables o que contengan un exceso de calorías (algunas bollerías industriales, por ejemplo) no deben estar a la vista, ni ser alimento habitual en la despensa de tu casa.
• El agua es la bebida que mejor calma la sed. No recurras a dar a tu hijo zumos por sistema, si contienen exceso de azúcar, ni mucho menos bebidas carbonatadas.
• Genera un cambio de hábitos en tu hijo:
            • Hacer ejercicio adecuado a su edad y su condición física. Te recomendamos   los deportes pautados (por ejemplo, apuntarlo a natación o un equipo de un   deporte que le guste). También es importante recordar que los niños aprenden          con el ejemplo, así que practica deporte tú también.
            • Reduce las actividades sedentarias. No es adecuado más de 2 horas de           televisión al día. Lo mejor es que lo eduques para que se divierta haciendo    otras cosas más activas.
• Haz de la comida un momento agradable y un tiempo de compartir. Intenta que la mayor parte de las comidas sean en familia.
• Se recomienda que los niños aprendan a comer despacio; inténtalo con tu hijo.


Sobre todo y más importante, recuerda que tu objetivo es que tu hijo tenga una relación saludable con la comida, que tenga feeling con ella. Evita trasmitirle una preocupación obsesiva por ella o la idea de que comer es peligroso. Disfrutad comiendo juntos. 

Roberto Baztarrica

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